Acuario bajo fuego de ruido

No se trata de que haya daño irreversible para las especies, sino que ni siquiera su tuvo en cuenta.
La inauguración del Acuario Río Paraná, la semana pasada en Rosario, no significa sólo un beneplácito para la sociedad que vio concretada una obra que venía con varios años de demora y atrasos, sino que es una buena nueva para la ciencia que utilizará esa infraestructura para analizar y proteger a la fauna itícola de la región.
Es allí donde parece increíble que a nadie se le haya ocurrido medir el impacto de estrés a los ejemplares cautivos, por la realización del recital inaugural, con la música y el ruido a todo volumen, como suele ocurrir en esas fiestas populares. No estamos diciendo que haya ocurrido un daño irreversible, sino que ni siquiera se midió, incluso para que sirva como estudio para veces posteriores.
Desde 1969, año en que se inauguró el túnel subfluvial Santa Fe-Paraná, que río debajo de esa traza fueron desapareciendo algunas especies, como el Pacú; cuyo hecho es adjudicado por pescadores y baquianos de la zona, jamás desmentidos por algún informe técnico. Otro tanto ocurre hasta nuestros días con el Armado y el Armado Chancho, que ha casi no se enceuntran. Todos coinciden en afirmar que el ruido que provoca el túnel subfluvial, ahuyenta a las especies río arriba.
Sí eso ocurre en las aguas naturales y abiertas del Paraná, con un caudal de 17 mil metros cúbicos por segundo y más de 4.800 km de longitud, que lo convierten en el 7mo. río del mundo, qué es lo que puede ocurrir dentro de las reducidas dimensiones de una pecera, a metros de más de 30 ó 40 mil wats de potencia, a ver cómo les cae el estrés a los ejemplares allí cautivos.
Reiteramos, la observación no es que se haya contribuido a la muerte de peces, sino que ni siquiera se sabe el impacto porque no se estudió, no se tuvo en cuenta, no hay antecedentes de semejante exposición, y ya que estamos en un espacio que se dedicará al estudio científico, bueno sería que comiencen por casa.