Jaque a los populistas

In this photo provided by Brazil's Presidency, Brazil's President Luiz Inacio Lula da Silva, left, and Brazil's newly elected leader Dilma Rousseff, make a sign of victory, at the Alvorada palace, in Brasilia, Brazil, Monday, Nov. 1, 2010. (AP Photo/Brazil's Presidency, Ricardo Stuckert) NO SALES

A Dilma y a Lula, los quieren fulminar en los estrados de la justicia que espía desde la venda en los ojos. A Evo le encontraron una hija no declarada. A Cristina la quieren pasear por todos los pasillos de tribunales y si es posible verla tras las rejas. A Rafael Correa  en Ecuador no le permiten mandato indefinido, aprobado por la Corte de su país, pero después de su Presidencia.

De este modo, la derecha liberal de Latinoamérica va despidiendo a los líderes populistas que dominaron parte del continente durante la última década, con resultados de alto impacto social en cada una de sus naciones.

Lula sacó de la pobreza marginal a más del 30% de la población del Brasil, sumergida en las profundidades de la selva amazónica, donde más del 60% de sus habitantes no sabía siquiera leer; y hoy el analfabetismo fue reducido a menos del 10%.

Sacar a mucha gente de la pobreza, educarlos, darles herramientas para que se defiendan de la hambruna, instruirlos y encima hacerlos participar en política, es demasiado para las clases sociales que están acostumbradas a que los negros marginales no se inmiscuyan en las cuestiones de gobierno. Para ellos samba y caipirinha, eso es lo que siempre le dieron a los pobres. Hoy ya no alcanza y Lula les enseño que había una dignidad posible. No se lo perdonan.

Tampoco le perdonan situaciones semejante a Evo en Bolivia; a Rafael en Ecuadro; a Chavez y a Maduro en Venezuela; y a Néstor y Cristina en Argentina. Las 13 Universidades públicas; la duplicación del Presupuesto educativo; los satélites Arsat; el desendeudamiento externo con recursos propios; y la alianza firme con la Unsaur en desmedro del Alca, fueron situaciones límites para la capacidad de tolerancia del imperio norteamericano, que no invadió a sangre y fuego ninguna de las naciones latinoamericanas, sólo porque está ocupado matando gente en otros sitios del planeta.

La persecución a Lula, Dilma y Cristina, es apenas la punta del iceberg de la recuperación de una acción profunda de recolonización y dominio sobre los territorios que Estados Unidos ha manejado a su antojo, merced a las políticas económicas y a los Malinches internos.

Atrincherados en Planalto, Dilma y Lula son un faro de resistencia de un gobierno nacional y popular que benefició a millones de personas, que jamás hubiesen conocido la dignidad, si hubieran gobernado quienes hoy atacan a los líderes del PT. Una parte de la sociedad del Brasil advierte esta maniobra. La otra, duerme la siesta y no quiere que los despierten con ruidos molestos.