LA CONTRA COLONIZACION CULTURAL

Lalo Puccio
Por Lalo Puccio diciembre 14, 2016 07:47

El Estado Nacional ha tomado deuda externa, en menos de 1 año de gobierno, x más de 60 mil millones de dólares. Es aproximadamente el 10% del PBI. Así, de un saque, tiramos por la borda el 10% del PBI, cuando nos había costado una década llegar a esa cifra global de endeudamiento, uno de los registros más bajo de la historia, y del continente.

La provincia de Santa Fe, siguiendo la misma “onda” liberal, se apresta a tomar deuda externa por 500 millones y la ciudad de Rosario está pidiendo pista a su Concejo para hacer lo mismo por 200 millones más de la verde moneda. Con un detalle casi nimio: ni la provincia ni la ciudad, saben aún para que van a usar exactamente la deuda que contraen. Prometen, ambos, usarla para obra pública. Acá vale destacar que, por ejemplo la Provincia, viene sub ejecutando su presupuesto anual de obra pública, en los últimos 7 años, en más de un 40%. Es decir que gasta menos de lo que presupuesta en ese rubro. ¿Para qué entonces pediría un crédito, si gasta la mitad de lo que dispone?

El macrismo ha obtenido un fenomenal éxito de discurso y propaganda, al imponer en la sociedad argentina, que se encontró con un país arrasado y en la ruina: “la pesada herencia”. Nada más lejos de la realidad, que no se sabe muy bien por qué no encontró réplicas más estridentes y firmes, que los tibios argumentos exhibidos por ex funcionarios, muy pocos de todos ellos.

Lo cierto es que gran parte de la sociedad está convencida que el país estaba en la lona cuando llegó el liberalismo de derecha, que además –dice- está haciendo un esfuerzo fenomenal para ponerlo en marcha. Nadie (o pocos) parecen advertir que la realidad es bien distinta a esa propaganda, y que la derecha liberal  -como es su costumbre- no ha hecho sino más que transferir un formidable volumen de recursos (dólares) desde los sectores asalariados hacia los sectores más poderosos y concentrados.

Así podemos mencionar que al menos, entre el sector financiero; los especuladores del dólar; las 6 corporaciones del alimento; el agro; y la minería, se alzaron en sólo 7 meses de gobierno, con la friolera de 20 mil millones de dólares; las dos terceras partes de las reservas en el Banco Central. A cambio de esto, la derecha liberal ha impulsado 1,5 millones de nuevos pobres (según la UCA); 250 mil nuevos desempleados; una pérdida del 30% del poder adquisitivo; una inflación que se ha duplicado; y una deuda externa que también ha duplicado su relación con el PBI. Nada de esto perteneció a la “pesada herencia”. Por el contrario ha sido todo obra propia del liberalismo de derecha en el gobierno nacional.

Hoy se debate si las provincias deben apoyar o rechazar la nueva regulación del Impuesto a las Ganancias, que se ventila por estas horas en el Senado de la Nación, y que ya cuenta con media sanción en Diputados. Los ministros de economía se juntaron en Casa Rosada, para enterarse que por ejemplo a Santa Fe, de aprobarse el nuevo cuadro imponible propuesto en Ganancias, le corresponderá unos $ 3.000 millones menos de coparticipación.

El alerta rojo se ha encendido en las cabezas socialistas, que parecen no tener más respuestas a las zancadillas del capitalismo salvaje, que ajustar donde el liberalismo acostumbra, es decir, bien desde abajo. Santa Fe es la provincia estrella de la producción agroexportadora. De sus puertos, entre Villa Constitución y Puerto Gral. San Martín, sale el 70% de lo que la Argentina le vende al mundo, que hoy es casi todo semilla y materia prima agrícola.

Al gobierno Socialista santafesino ni se le ocurrió pensar que el complejo agroexportador podría aportar una cuota más alta de impuestos, para compensar lo de Ganancias en sus trabajadores. Entre los principales 12 exportadores de Argentina, en 2015, facturaron más de 65 mil millones de dólares. Con sólo el 5% entre todos ellos, ya habría más de lo que no se recaudaría por Ganancias.

La minería embarca su explotación, absolutamente en bruto, sin valor agregado, en los puertos santafesinos. Otro tanto ocurre con la producción agropecuaria. Ninguno de ellos paga un centavo extra al Estado santafesino, porque el Estado no se lo cobra, ni se lo propone. Algo similar ocurre con el juego, que en Santa Fe factura no menos de 8 mil millones de pesos y tributa menos que una carcajada.

Esta catarata de información, suele resultar agobiante y cansadora para grandes sectores de la sociedad, que prefiere le regurgiten las cosas desde los medios. A mi juego me llamaron, elucubran las usinas de formadores de opinión, que así consolidan “la pesada herencia; el país en ruinas; y ahora hay que pagar la fiesta populista”.

Este asombroso proceso de una sociedad que elige votar por su propio verdugo de clase, como es la derecha liberal, antes que por el populismo que lo impulsó económicamente en poco más de una década, se está dando en buena parte del mundo. En Latinoamérica corren como regueros de pólvora, procesos similares en Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia. En Europa pasa algo similar, y las derechas avanzan con el beneplácito de las urnas, que legitiman el saqueo del liberalismo.

Esto no puede comprenderse si no se analiza en detenimiento el fenomenal proceso de colonización cultural que se ha desatado en favor de las huestes liberales. Pareciera que el síndrome de Estocolmo se hubiese apoderado del mundo. Las sociedades eligen con el voto a sus verdugos, para que los salven de catástrofes que, encima, no les ocurren. Les dicen que están mal; que vivieron en una mentira; que todo lo que compraban no lo podían comprar; que ahora habrá que devolver son sangre y sudor todo ese despilfarro, y prefieren esto a seguir defendiendo todo lo que los hizo crecer. Es como crear sociedades que siempre terminarán entregando y traicionando a Robin Hood, aquel personaje que robaba a los ricos para entregarle a los pobres.

La colonización termina anidando en esa convicción propuesta por el poder. Hacerle creer a las mayorías, que en la analogía de Robin, robarle a los ricos está mal, es pecado. Los ricos sí pueden tener todo lo que tienen, porque es natural que así sea. Los ladrones, por más que repartan entre los pobres, son delincuentes a los que hay que escarmentar, y de la manera más dura. “Bien me quieres, bien te quiero, no me toques el dinero”, dice un viejo dicho.

El gran desafío es meterse en los intersticios de la colonización del poder, para poder contrarrestarla. Es decir, una contra colonización cultural.  Una tarea ardua y de largo alcance, pero imprescindible a la hora de trazar una estrategia para reconquistar el espacio de lo nacional y popular.

Lalo Puccio
Por Lalo Puccio diciembre 14, 2016 07:47