LOS HÉROES DEL IMPERIO

LOS HÉROES DEL IMPERIO

En su inconmensurable maquinaria de penetración y colonización cultural que tienen los imperios dominantes, como Estados Unidos o Inglaterra, cuentan con el cine como herramienta fundamental.

Así, a través de los años han creado héroes a los que con una lógica que atraviesa desde lo fantástico, hasta el realismo mágico, donde no se sabe muy bien dónde termina lo mágico y dónde comienza el realismo, sirven para justificar los crímenes más atroces que vulneran todos los sistemas legales y todas las fronteras.

Aún después de haber perdido  la guerra de Vietnam, Estados Unidos regresa a ese país, en el personaje de Rambo, para vengar a sus soldados muertos o prisioneros, y cometer toda clase de violaciones territoriales contra una nación independiente. Rambo sigue matando aún en estos tiempos de postguerra a tantos vietnamitas pueda, sean militares o civiles, lo mismo da a la hora de fabricar enemigos.

El escritor y novelista inglés Ian Fleming creó en 1953 a un súper agente de inteligencia del imperio Británico, James Bond, que como el propio personajes publicitaba tenía “licencia para matar”; y fue así que el Agente 007, a través de los años y las conveniencias políticas, iba por el mundo sin importar fronteras asesinando a rusos, árabes, chinos, narcos y cuanto enemigo se le pusiese adelante, según la oportunidad.

Otros matones cinematográficos, como Steven Seagal,  Bruce Willis,  Chuck Norris, o el más reciente Jason Stathan, utilizando de manera indiscriminada sus armas o sus habilidades en artes marciales, matan cuanto enemigo se le ponga delante, sin el menor atisbo de juicio previo, siempre convirtiendo su causa, la causa del Imperio, en causa justa.

Como en las legendarias películas del lejano oeste, cuando el cinéfilo aplaudía a rabiar la irrupción del 7mo de Caballería que pasaba a degüello a los sucios y crueles pieles roja, ahora se aplaude con el mismo entusiasmo cuando el héroe del cine asesina sin piedad al enemigo fabricado en la ficción, que es tomada de la realidad, nunca bien distinguida por el observador cautivado. Sólo a modo de ejemplo brutal, vale mencionar que la película que lanzó a la fama en Hollywood a Steven Seagal, se llamó “Por encima de la ley”, que dirigió y produjo el propio Seagal en su debut cinematográfico, donde su personaje –el policía italoamericano Nico- destrozaba y mataba enemigos, sin importar aquello del juicio previo.

Como se puede apreciar fácilmente si prestamos atención a estas perlas del cine, los argumentos propagandísticos son algo mucho más serios que simple ficción. Incluso en películas catástrofe o del género de ciencia ficción, el Imperio siempre aparece como salvador de la humanidad, situación que se debe aceptar con beneplácito, siempre que no se quiera sucumbir aplastado por la fuerza de la maquinaria propagandística.

En una de las últimas perlas del género, Avatar, los soldados del imperio, con toda su maquinaria de destrucción, arrasan con un pueblo alienígena donde queda más que claro que es porque los primitivos estaban sobre un terreno con un mineral energético. Cualquier coincidencia con la voracidad norteamericana sobre Venezuela, no es pura coincidencia.

Así, la maquinaria de propaganda de Hollywood convierte en causas nobles las necesidades del  Imperio. También las tropelías para conseguirlas, sin importar los crímenes. El espectador desprevenido, incluso  llega a aplaudir al final del filme. No debería entonces extrañarnos la conducta electoral, de elegir una y otra vez la opción más dañina.

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