EL NUEVO PANORAMA POLÍTICO

Lalo Puccio
Por Lalo Puccio agosto 28, 2017 07:33

La Argentina está atravesando un panorama político inédito en sus más de 2 siglos de vida institucional, pero fundamentalmente desde los albores del siglo XX, y es que por primera vez la derecha liberal conservadora gobierna por imperio de los votos y del consenso.

Otra observación sobre la actualidad política de Argentina, es que pese a quien le pese, el pueblo ya no es peronista en términos absolutos. Ya no es como cuando Perón y Evita aparecían en los balcones de la Casa Rosada para el deleite de multitudes nunca vistas y hegemonizaban las preferencias del pueblo, también en términos electorales, con mayoría absoluta.

En 1946, Perón gana las elecciones con el 55.77% de los votos. En 1951, la segunda presidencia, aumenta su caudal electoral y gana con el 63.51%. En el ’73 luego de 18 años de exilio, gana su 3ra presidencia con el 61.86%peron_y_evita_desde_el_balcon_saludana__la_multitud

Esos porcentajes abrumadoramente mayoritarios, no volvieron a verse nunca más. Alfonsín en la recuperación de la Democracia obtuvo un 51.8% de los votos; Menem del ’89 ganó con el 47.5%, y en el ’95 gana con el 45%; y finalmente los Kirchner, con Cristina, superaron apenas el 54%. La supremacía del General, con más del 60 por ciento, estaba liquidada. En 2015, el golpe de gracia vino para colmo de la mano de la derecha liberal conservadora, que en la figura del empresario Mauricio Macri, le gana al “peronismo” de Daniel Scioli  -designado candidato por voluntad de Cristina- por un estrecho 51.1%, apenas 600 mil votos de diferencia; con la particularidad que por primera vez la derecha llega al gobierno, sin la complicidad de un golpe militar de Estado, situación que repetía desde 1930.

Cambiemos, la coalición de Macri, no es una fuerza política de paso. El convite provocador de CFK, “si quieren gobernar, que armen un partido y que ganen las elecciones”, fue cumplido al pie de la letra. Es lo que Macri hizo: armó un partido (el PRO), ganó la cueva del gorilismo argentino, la Capital Federal; luego ganó la cueva del peronismo más duro, la Provincia de Buenos Aires; y de allí saltó al país, donde hoy le disputa mano a mano al peronismo la supremacía en la mitad de los distritos electorales en término provinciales, pero que en 2015 le alcanzó para quedarse con la presidencia.

Tanto el peronismo como la UCR, el otro partido mayoritario del país y que alternaba con el PJ desde 1983 la disputa por el gobierno nacional, quedaron relegados a segundo y tercer puesto. En Rosario, la absurdamente llamada “capital del peronismo”, el frente Cambiemos acaba de ganar por goleada las elecciones primarias para Concejales, en absolutamente todas las seccionales de la ciudad, casi duplicando los votos del PJ, y casi cuadruplicando los del socialismo, que fue inexpugnable por 28 años. Además, una tercera fuerza que es Ciudad Futura, construida por políticas de voluntarismo juvenil, le pisa los talones a todos.

Lo que parece ser en la política argentina, es que los opositores a Cambiemos en general y a Macri en particular, no terminan de admitir que el  fenómeno de esta derecha ganadora por consensos, no es una situación ligera, pasajera. Al decir del filósofo Gustavo Varela, “Cambiemos, crea, inventa, produce un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos. 

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera.  Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo.

Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una  red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología (figura retórica que consiste en repetir un pensamiento infinidad de veces, expresándolo con las mismas o similares palabras)”. http://hamartia.com.ar/2017/08/25/una-politica-sin-afuera/

La construcción de sentido ejecutada desde hace algunos años por Cambiemos, se encuadra dentro de un fenomenal proceso de neocolonización. El sentido es que no vienen a instalar una nueva cultura, una nueva ideología, sino a reforzar, a relanzar, redinamizar la colonización que ya estaba en el seno de la sociedad argentina. Ese sentimiento de ser los más europeos de América Latina; de no pertenecer a estos indígenas primitivos (los mapuches del sur, con Maldonado y Milagro Sala a la cabeza, que quieren apropiarse de nuestro país empezando por el sur); de no alinearnos con los países de la Región, sino encabezar un nuevo alineamiento con la mayor potencia del mundo que es Estados Unidos, para algo somos amigos y casi socios del Presidente Donald Trump.

Esta nueva colonización  -que repele a los Mapuches pero tolera gustosa a Benetton-, viene a reforzar lo que ya teníamos almacenado en términos de cultura, desde que nosotros mismos o nuestros padres, saltábamos de alegría en la butaca del cine, cuando en las películas de cowboys el Séptimo de Caballería irrumpía a sangre y fuego contra los malditos indios, que eran los malos. Hollywood, la más perfecta maquinaria de Industria Cultural, nos hizo creer eso, formateó nuestra cultura y nuestra ideología, y aunque nuestros hijos no hayan visto muchas películas de cowboys, vieron en los ’90 Danza con Lobos, con un divino Kevin Costner que con sus ojazos azules se hizo amigo de los indios, y se alzó con 7 Oscar’s de la Academia. La idea es convencer hasta la médula, que el Imperio siempre es beneficioso. Peleamos contra los malditos indios, contra los malditos nazis, contra los malditos japoneses, vietnamitas, rusos, comunistas, afganos, talibanes. No importa contra quien peleemos, lo que importa es que los enemigos del Imperio, son nuestros enemigos y siempre son los malditos, los malos, y el Imperio  -es decir “nosotros”- siempre somos los buenos. No importa que del Imperio liguemos apenas las migajas (y a veces ni siquiera eso), lo que importa es que creamos que es así.

Esa convicción íntima, aunque sea subyacente en los pliegos más profundos de nuestra memoria, es la que aflora, la que atraviesa todos los estamentos de la pirámide social argentina y arroja votos a Cambiemos desde el country privado más concheto hasta los pasillos de la villa más paupérrima.

Es aquí donde la derecha, Cambiemos, le está ganando la batalla y las elecciones al campo popular. En la construcción de sentido. Todo lo que menciona Gustavo Varela (felicidad; cambio; no volvamos para atrás; sí se puede; vivir mejor; todos los argentinos; el país que soñamos; equipo, en todo estás vos; felicidad es el cambio), en todos estos conceptos cortos, ideas fuerza, vacíos de contenido, que no hace falta explicarlos, en todos, está la acumulación y la clave de despertar, reactivar, la colonización ideológica inoculada hace generaciones. Son el germen de la cultura que la derecha y el poder necesitan para gobernar por consensos.

Hará falta una contra cultura, un largo proceso de desintoxicación, que exceda los estrechísimos límites de los legítimos apetitos electorales, para enfrentar semejante poder. El jugador más valioso incorporado a la mesa del poder (el derpo, en jerga política), los medios hegemónicos de comunicación, acaban de recibir el regalo más preciado, el cuádruple play, con lo que una misma corporación económica de negocios, puede ser propietaria de gráfica; telefonía fija y celular; televisión por aire y por cable; y proveedora web. Tan grave es que dicen, somos el único país en el mundo que lo ha otorgado.

A volver, vamos a volver, suena muy lindo, pero es preciso comprender la médula del asunto. De lo contrario, por más que el campo nacional y popular vuelva a la Casa Rosada, no será más que un inquilino absolutamente pasajero, con 4 u 8 años de hostigamientos infernales. Será como estar durante 4 años, en una aldea bombardeada permanentemente por artillería enemiga. Construir contrasentido de Cambiemos, de la derecha, será imprescindible para la permanencia. Para aspirar a más de 8 años de gobernar en beneficio de las mayorías, mucho más que esos efímeros 8 años.

Lalo Puccio
Por Lalo Puccio agosto 28, 2017 07:33